Bobby Flores

En el rock nacional no mueren los soldados, sino los generales

El presente del rock nacional se explica por la pérdida de los referentes. Una reflexión que surge de una estadística divulgada durante el mundial: la mitad de la población argentina nació después de 1986.
Espectáculos 24 de Diciembre de 2022
En el rock nacional no mueren los soldados, sino los generales

Una de las cosas que nos dejó el mundial que tan brillantemente ganó la selección nacional de fútbol fue la proliferación de estadísticas de todos los colores. Todas posibles, muchas probables, varias incomprobables, ahí ya es asunto de cada uno creer o dudar.

Una de las que más llamó mi humilde atención fue la que pregonaba, respecto de la comparación con nuestra última copa mundial ganada antes de ésta, que la mitad de la población argentina había nacido después de 1986.

Empecé a entender la circunstancia en la que se encuentra el rock nacional. No hay ni decadencia ni el paso de la moda. Brilló continentalmente en los ‘80, hasta que empezamos a perder generales.

¿Fatalidad, descuido, karma?, ¿simplemente cuestiones cronológicas? No tengo respuestas, apenas preguntas que se suman a la inalterabilidad de los hechos comprobados.

Desde sus inicios hasta 1983 digamos, el rock argentino no había conocido la muerte.

El primer general derribado fue Alejandro de Michele, quien en mayo de ese año se dio de frente contra una columna en la puerta del circuito porteño KDT, muriendo en el acto. Líder de Pastoral, cantante y guitarrista exquisito unos pocos años antes, nos dejó para siempre justo que Merlín, su proyecto con el ex Crucis Gustavo Montesano comenzaba a tomar forma cierta, esa infame noche otoñal porteña. Tenía 29 años.

Cuando hablo de generalatos no lo hago azarosamente ni para analogizar con algúna particularidad militar. Simplemente es mi percepción de la importancia de nuestras pérdidas. Las balas del demonio no apuntaron al venerable grupo de rockers músicos que fielmente acompañaron a los líderes naturales de las bandas, fueron directamente a las cabezas. Literalmente.

Nuestros muertos eran todos además de excelentes ejecutantes, compositores, ideólogos, voces cantantes y presencias invocantes de sus grupos, creadores de la mística que acompañó al movimiento desde sus comienzos. Quiero decir, los muertos del rock nuestro eran los frontmen, los impactos no dieron en los costados, fueron al centro de la foto.

¿Destino argentino? Puede ser, pasó en otros lados, pero sin la unanimidad de aca.

Cuatro años después de la muerte de De Michele, una mañana de diciembre en 1987, en pleno éxito de Sumo, encuentran el cadáver de su líder Luca Prodan en su casa del Abasto. Oscuras historias nunca aclaradas se tejieron a su alrededor. Nadie sabe nada. Tenía 34 años.

Cuatro meses después, en una clínica de Munro, parte de esta dimensión Miguel Abuelo a los 42 años. También en circunstancias algo nubladas, una infección masiva dicen que lo mató, tenía SIDA también se dijo. Igual que más da, todavía no nos convencíamos del todo de lo de Luca y nos cae ésta.

A finales de ese 1988, empezábamos a cicatrizar las pérdidas de Abuelo y Prodan cuando el destino nos dio el golpe en el mentón, esa piña en la pera que te hace caer de rodillas. A un día de conmemorarse el primer año nuestro sin Luca, apaga la luz y entrega el equipo el adorado Federico Moura, líder de Virus, mesías del refinamiento y las buenas maneras, un gentleman todoterreno. Un tipo valiente y audaz, de una curiosidad insaciable, amable y adorable. Su partida a los 37 años es de esos caramelos agrios que nunca terminás de tragar.

Una atroz seguidilla que nos dejó bien claro que era verdad nomás, nada es para siempre. Habíamos perdido a tres de las más brillantes y musicales mentes de toda una generación. Era inevitable pensar en Allen Ginsberg y su obra maestra " Aullido”.

Andábamos arreglándonos como podíamos, pasamos unos años tratando de procesar las pérdidas, cuando una calurosa mañana de febrero del 2005 un llamado telefónico que borré de mi memoria, imposibilitándome precisar de quién fue, me dice escuetamente –” Bobby, se mató Pappo...”- y ahí quedé horizontal e inmóvil no se cuanto tiempo, temblando. Un accidente de moto decía la placa del noticiero, -” Cómo puede ser?”-, me pregunté, justamente Pappo en una moto en una ruta, si vivía para eso. Bueno, otra marca más en la culata del demonio. La marca que malheriría al blues argentino, casi de muerte me atreví a pensar. Pappo murió a los 54 años.

En febrero de 2012 me encontraba trabajando en USA cuando veo en mi teléfono una llamada de Buenos Aires, era mi esposa que me anunciaba la muerte de Luis Alberto Spinetta, con voz temblorosa, la adiviné casi asustada, no terminó de decir eso cuando me senté en un bar para digerir la triste noticia como pudiera. Habrían pasado no mas de 15´ cuando en otra llamada porteña atiendo a Gillespie que estaba en su programa de radio -obviamente todo era Luis en las radios me imaginé-, para que pudiera expresar mi dolor ante tamaña pérdida. Hablé lo que pude, algunas obviedades sin importancia y corté rápido porque soy de los que jamás lloraría al aire. Corté para llorar tranquilo el futuro sin Spinetta. Ciertamente todos los que lo queríamos sabíamos que iba a pasar, pero cuando sucedió nos morimos un poco todos los que crecimos con sus discos en nuestros cuartos. Luis Alberto Spinetta tenía 62 años.

El frío invierno de ese año, una noche de junio en una autopista de Córdoba, en un descuido mientras manejaba su auto volcó Adrián Otero, líder y espíritu de Memphis La Blusera, el grupo que más alto voló tocando blues. De la mano de la poesía de Otero y su carisma escénico los shows de Memphis fueron inusualmente inolvidables. Desde mi, con mas de 100 shows de los más diversos artistas argentinos y extranjeros transitados, jamás he podido olvidar ninguno de los shows de Memphis que he disfrutado, desde arriba, desde abajo, desde el escenario o desde el campo. Siempre Adrián se encargaba de mi estado de ánimo con sus canciones. Políticamente incorrectas, entendibles para todos, las letras de Memphis La Blusera, nacidas en la mesa de Adrián Otero, son un prodigio poético. Tenía 53 años.

El 4 de septiembre de 2014 muere, después de cuatro años de internación, Gustavo Cerati a los 55 años. El líder de Soda Stereo, compositor, cantante, guitarrista, icono y ejemplo para toda una generación de jóvenes que lo admiraron sin distinción de ninguna especie. Su muerte era una posibilidad durante esos cuatro años, pero que siguiera viviendo también era la posibilidad que todos guardábamos en un pedazo del corazón. Demasiado larga, triste y dolorosa su partida, ni ganas de escribir siento.

En plena pandemia en junio de 2021, también después de una internación por un ACV pasa al mundo de los invisibles mi querido parceiro de viajes y noches Willy Crook, embajador del buen gusto, dueño del soul y el funk argentinos, con sus Funky Torinos llenó de groove las calles. Abrió los shows de James Brown en Buenos Aires y fascinó tanto al Godfather of Soul que se llevó sus discos para ponerlos de previa en el resto de su gira latinoamericana. En su velorio éramos 7 por las restricciones pandémicas, hoy su música suena más que antes y su banda los Funky Torinos están llenando teatros en todo el país tocando sus canciones. Cantante, compositor, saxofonista, guitarrista y mente superior al servicio del funk ya es eterno. Cuando Willy murió tenía 57 años.

Un mes después de Willy, en plena calle se desvanece y comienza su viaje a la eternidad Palo Pandolfo, uno de los primeros alternativos de verdad que conoció el éxito sin proponérselo. Fui el primero que puso su música en una radio. Llegó de la mano de la adorada Negra Poli un mediodía al estudio y sin pincharlo previamente salió al aire Don Cornelio y La Zona, desde el margen tomaban la hoja por asalto y escribían con una letra diferente. Palo era un divino, dueño de un humor exquisito por lo escaso , adoraba componer y lo hacía muy bien. Rebelde por naturaleza, observador, tranquilo pero no quieto. Dueño de una sensibilidad que transmitía permanentemente. Murió a los 56 años, dicen que de muerte súbita. También en pandemia, salía del banco.

Otro año fatídico el 2021, en agosto desde Perú, donde estaba viviendo hacía unos años con su esposa peruana y su hijo, nos anoticiamos de la muerte de Pil Trafa, cantante de Los Violadores, socio creativo de Stuka. Juntos compusieron gran parte del repertorio punk porteño, compartieron shows con Sumo, Riff, Die Toten Hosen y Sex Pistols. Con Alerta Roja fueron los primeros que se vistieron de cuero con tachas y le pegaron una patada en la cara al sistema opresivo de la dictadura militar. Pil fue la voz de muchos chicos que tomamos al punk como nuestra música, cansados del rock sinfónico e insatisfechos de disco music. The Clash, The Jam, Damned, eran nuestras nuevas señales generacionales. Algo nuevo estaba naciendo y Pil fue el mensajero. Tenía 62 años.

La última partida de un general fue la de Marciano Cantero, cantante, bajista, compositor y líder intelectual de Los Enanitos Verdes, quizás la banda argentina más popular en México, grandísimos vendedores de discos, bichos de escenarios de los más variados. Con su socio marciano de siempre Felipe Staiti, al final sumaron a Jota Morelli y se cansaron de llenar estadios y girar por toda latinoamérica. Reencontrado con su amor adolescente, una chica a la que le escribía canciones, Marciano se había vuelto a Mendoza y tenía un montón de planes cuando la muerte lo sacó de la cama. Fue una tarde de agosto de 2021, se enfermó y fue a un hospital, era más grave de lo sospechado y su golpeado corazón no dio más. Tenía 60 años.

Esta es una nota que tenía en la cabeza desde la muerte de Marciano, pero siempre me frenaba algo cuando empezaba a escribirla.

Yo era un adolescente que se puso a trabajar de disc jockey en 1977, lo de la radio llegó después, y la gráfica mucho más tarde. De las bandejas a los estudios de radio y de ahí a las redacciones me empujaron todos estos amigos que nombré. Ellos fueron ejemplo y acción, y se murieron. Uno a uno los veo irse pero a todos los tengo en mi corazón, desde los oídos obvio.

Me debía, y creo que les debía este relato.

Alejandro de Michele, Luca Prodan, Miguel Abuelo, Fede Moura, Pappo, Luis Alberto, Gustavo, Palo Pandolfo, mi hermano Adrian Otero, Willy Crook, Pil y Marciano Cantero.

Siempre duele y se los extraña siempre.

Raro designio el del rock argentino, que ha perdido más generales que soldados. Irremplazables.

Nunca serán olvidados.

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